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April 12, 2026

Luthería de ida y vuelta

Instrumentos musicales en escenarios futuros: entre memoria, materia y transformación

Carlos Traginer y Xia Vélora

En los futuros posibles de la humanidad, la creación musical podrá desarrollarse en entornos subterráneos, submarinos o extraplanetarios, en arquitecturas móviles —terrestres, acuáticas o aéreas— y también en entornos virtuales o metaversos. Son escenarios desde los que imaginar nuevas formas de relación entre cuerpo, materia y sonido, y también desde los que hacer música. No se trata tanto de los entornos en sí, sino de las condiciones que nos conducen a habitarlos (exploración, investigación científica, adaptación tecnológica, transformaciones del entorno o nuevas formas de vida colectiva) y a desarrollar en ellos prácticas culturales como la música.

Hábitat análogo marciano HI-SEAS, Mauna Loa, Hawái. Foto: James Ward / Proyecto HI-SEAS — CC BY 4.0.

Los intérpretes humanos y no humanos construirán instrumentos o adaptarán los ya existentes allí donde se encuentren, dialogando con las condiciones específicas de cada entorno. No hablamos solo de nuevos espacios, sino de nuevas materialidades sonoras condicionadas por las características de esos espacios.

Tripulación de NEEMO 12 dirigiéndose al laboratorio submarino Aquarius durante un entrenamiento de la NASAen Key Largo (Florida).NASA, Public domain, via Wikimedia Commons.

Esta práctica creativa no implica ruptura con lo familiar. Del mismo modo que hoy circulan conocimientos en forma de planos digitales, archivos abiertos y saberes compartidos, la creación musical del futuro será una práctica vinculada al entorno, en la que tradición, innovación y transformación convivan sin jerarquías rígidas. Los instrumentos no surgirán únicamente del contexto ni exclusivamente del pasado, sino del encuentro dinámico entre ambos, en un proceso continuo de evolución.

Fotograma de Mad Max: Fury Road en el que Coma, el Doof Warrior —interpretado por el músico iOTA—, actúasobre el Doof Wagon con su icónica guitarra de doble mástil lanzallamas, concebida como instrumento funcionaly creada por Michael Ulman y Matt Boug. Dirección: George Miller, 2015. Warner Bros. Pictures

Estos artefactos no serán solo soluciones funcionales, sino territorios experienciales

para pensar y sentir. No desplazarán lo previo ni dependerán por completo de lo nuevo:

habitarán la intersección entre acervo cultural y exploración. Cada instrumento

encarnará una manera de relacionarse con el mundo y, al mismo tiempo, una forma de

situarse en contextos desconocidos.

Ecologías del hacer y del cuidar

En cosmologías ancestrales, el luthier actuaba como mediador entre planos materiales y espirituales. Esa imagen resuena en los escenarios posibles que imaginamos hoy. El músico-luthier del mañana —humano, una inteligencia artificial, un robot o sistemas colaborativos— actuará dentro de redes compartidas como constructor, intérprete y cuidador. Las capacidades no se sustituirán: se complementarán.

La luthería futura será necesariamente plural. Agentes humanos y no humanos intercambiarán propuestas, ajustarán diseños, aprenderán del entorno y reinterpretarán materiales. Fabricar, mantener, reparar, adaptar o transformar un instrumento no será solo una operación técnica, sino un gesto de diálogo y cuidado con la materia.

Trabajar con recursos nuevos o reinterpretar materiales conocidos —incluida la reutilización de piezas provenientes de otros objetos, desplazadas de su función original por necesidad o por imaginación— implica reconocer que los instrumentos contienen capas temporales superpuestas en las que pasado, presente y futuro conviven activamente.

Música e instrumentos de ida y vuelta

En esta red colaborativahumana, tecnológica, ambiental y cultural— nacerán instrumentos capaces de viajar entre contextos sin perder sus vínculos. No serán réplicas del pasado ni rupturas radicales, sino arquitecturas vibratorias donde continuidad y transformación se entrelazan. Como los palos flamencos que viajaron entre Cádiz y La Habana y se transformaron sin dejar de reconocerse, los instrumentos creados en escenarios futuros podrán regresar convertidos en otra cosa: familiares y, al mismo tiempo, nuevos.

Torres de Redsand, antiguas fortalezas marinas británicas de la Segunda Guerra Mundial situadas en el estuario del Támesis,frente a la costa de Kent (Reino Unido). Russss, CC BY-SA 3.0, via Wikimedia Commons.

La música podrá nacer en un lugar, transformarse en otro y volver enriquecida, sin romper su hilo de procedencia. Ese movimiento circular —entrar en un contexto, salir y regresar convertido en otra forma— definirá la luthería por venir. Quizá entonces comprendamos que el porvenir de la música no consiste en elegir entre tradición e innovación, sino en permitir que ambas coexistan en contextos que exigen adaptación constante.

Toda creación auténtica es una forma de ida y vuelta: un eco que enviamos al futuro para que nos devuelva, transformados, a casa.